Un lugar entre la tranquilidad, la belleza y la memoria

El Cementerio Alemán de la Ciudad de Buenos Aires se origina a partir del cierre del antiguo cementerio de Disidentes en 1891. La palabra ‘disidentes’ se refiere a aquellos que no practicaban la fe católica, y por ese motivo no les estaba permitido ser enterrados en los cementerios oficiales hasta entrado el siglo XIX. Por ese motivo, los primeros protestantes en la ciudad eran enterrados en forma precaria en lugares como las barrancas del río a la altura de Retiro.

En 1821 las comunidades protestantes de la ciudad finalmente pudieron contar con la autorización para tener su propio cementerio. El primer cementerio de Disidentes fue llamado Del Socorro por ser lindero a la parroquia del mismo nombre, en la calle Juncal y Suipacha. Pero a los pocos años vio colmada su capacidad, y ante la imposibilidad de ser ampliado tuvo que trasladarse.

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Una vieja lápida del cementerio de la Victoria recuerda a un desafortunado alemán de 26 años fusilado durante la Revolución del Parque en 1890.

Así fue como en 1833 abre el segundo cementerio de Disidentes. Este cementerio se llamó Victoria, y estaba ubicado en lo que hoy es la plaza 1 de Mayo, delimitado en su perímetro por las actuales calles Hipólito Yrigoyen (en ese entonces llamada Victoria), Pasco y Alsina.

El terreno fue adquirido por la comunidad inglesa, la cual vendió luego sectores del mismo a las comunidades alemana y estadounidense. Se lo conocía también con el nombre de Cementerio de los Ingleses. Con el tiempo también fueron enterrados allí los primeros judíos de la ciudad.

Sin embargo, al cabo de algunas décadas se repitió lo sucedido con el primer cementerio y el Victoria vio colmada su capacidad. Así fue como hacia 1892 el cementerio comenzó a ser trasladado a un sector de lo que hoy conocemos con el nombre de Cementerio de la Chacarita.

 

El traslado de restos, monumentos y placas duró hasta 1924 y no fue completado en su totalidad, de modo que actualmente todavía hay restos enterrados bajo la mencionada plaza 1 de Mayo, creada una vez entregados los terrenos. Vale mencionar que en el año 2006 se hicieron allí excavaciones arqueológicas que dieron como resultado interesantes descubrimientos, como se muestran en este boletín.

Dentro del nuevo sector asignado en Chacarita, las comunidades inglesa y alemana crearon sus propios cementerios uno junto al otro, mientras que la comunidad judía hizo lo propio pero en la localidad de Avellaneda.

Es muy interesante observar las viejas placas de piedra colocadas contra el paredón que conforma el perímetro del Cementerio Británico. Son las provenientes del viejo Cementerio de la Victoria. En ellas son legibles todavía palabras en inglés, alemán o hebreo acerca de la vida de los muertos que recuerdan, y constituyen un testimonio sobre aquellas comunidades que comenzaban a desarrollarse en la Argentina del siglo XIX.

El Cementerio Alemán es administrado por la Congregación Evangélica Alemana en Buenos Aires, fundada en 1843. Si bien desde su origen tuvo un carácter protestante, en el cementerio pueden encontrarse tumbas de católicos, judíos y musulmanes. También hay tumbas identificadas con los símbolos masónicos.

 

Una característica distintiva de este cementerio es su configuración a partir de la predominancia de tumbas excavadas en la tierra, lo que permite el crecimiento de vegetación sobre las mismas. Sumado a esto la gran cantidad de árboles plantados en los senderos, se vuelve un agradable paseo. En las tumbas se destacan lápidas que podemos identificar con un característico diseño de estilo alemán a partir de la tipografía utilizada en sus inscripciones y otros elementos.

La casi total ausencia de mausoleos y bóvedas sobre tierra permite también que se destaquen numerosas esculturas de gran calidad artística colocados encima aunque sin imponerse sobre su entorno. Todas estas características lo asemejan a los cementerios que pueden verse en Alemania, diferenciándose de otros como el de Chacarita o el de Recoleta.

Un párrafo aparte merecen el portal y la capilla del cementerio, declarados Patrimonio Histórico Nacional en 2010. Fueron diseñados por un importante arquitecto húngaro llamado Johannes Kronfuss, quien se formó en Alemania y tuvo una actuación profesional destacada en Europa antes de venir a la Argentina. En la capilla, donde tradicionalmente se suelen hacer ceremonias de despedida a los difuntos antes de ser sepultados, se destacan unos bellos vitrales hechos en Munich.

 

Igualmente destacable es el monumento a los caídos en las dos guerras mundiales, que ocupa un espacio destacado dentro del cementerio. En un principio fue dedicado a los caídos de la Primera Guerra, y por eso tiene una placa en la parte de atrás con los nombres de los miembros de la colectividad alemana en la Argentina que fueron a pelear por Alemania. En el sector adyacente al monumento también puede verse una placa que homenajea a los caídos húngaros.

Luego de la Primera Guerra Mundial se construyó un muro entre los cementerios británico y alemán, signo visible de la enemistad entre Inglaterra y Alemania. Pero al conmemorarse el centenario del fin de aquel conflicto se inauguró con una ceremonia un portal en el muro como signo de reconciliación.

Seguramente la tumba más famosa y conocida es la de Hans Langsdorff, comandante del acorazado alemán Graf Spee. Pero recorriendo las lápidas del cementerio uno puede identificar también apellidos bastante conocidos dentro y fuera de la colectividad, como Alemann, Roemmers o Frers.

En una entrada anterior, Arquitectos alemanes en la Argentina, hablé de un importante arquitecto llamado Carlos Nordmann, quien tiene su tumba también en este cementerio. Si he de mencionar la tumba de alguna personalidad fallecida más recientemente, ésta sería la del artista plástico y mecenas Federico Klemm, nacido en Checoslovaquia de padre alemán y madre checoslovaca.

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Placa que recuerda al velero escuela Pamir, que se hundió trágicamente en 1957. Su última escala había sido Buenos Aires.

Más allá de las tumbas de personalidades ilustres, vale la pena detenerse a pensar también en las personas no tan conocidas o directamente anónimas que descansan en ese cementerio. Ellas han protagonizado la historia de la colectividad y del país aportando lo suyo desde muy diversos ámbitos, la mayoría de las veces en forma imperceptible, pero el hecho es que allí estuvieron. El cementerio guarda los registros de las innumerables inhumaciones que ha tenido a lo largo de su historia, y pueden servir a muchos como fuente para confeccionar árboles genealógicos y reconectarse con sus antepasados.

A pesar del miedo generalizado que la sociedad actual manifiesta hacia los cementerios y a todo aquello relacionado con la inevitable muerte, no puedo dejar de recomendar visitar personalmente el Cementerio Alemán así como también el Cementerio Británico. Es bueno hacer el intento de abrirse a la enorme riqueza de la historia, el arte, la naturaleza y la memoria que ofrece generosamente este lugar tan especial y al mismo tiempo tan poco visitado de la ciudad.

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El portal entre el Cementerio Británico y el Cementerio Alemán, el día de su inauguración. Atrás puede verse la capilla del Cementerio Británico.

 

 

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